¡Hay zambomba! Zambombas y villancicos
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Los segadores

Salieron tres segadores

a segar fuera de casa.

Llevaban dedines de oro

la “joces” de fina plata.

Y uno de los segadores

lleva ropita de Holanda.

Llegaron a cierto pueblo

se pasean por la plaza.

Una dama en un balcón

del segador está prendada.

Y lo ha mandao llamar

con una de sus criadas.

El segador obediente

fué detrás de la criada.

Sígame usted segador

que mi señora lo llama.

¿Qué me quiere señorita

que me quiere y que me manda?.

Quiero que me siegue usted

una poca de cebada.

Dígame usted señorita

¿dónde la tiene sembrada?

Ni está en alto ni está en bajo

ni está en cerro ni en cañada.

Está en medio de dos columnas

que las sostiene mi alma.

Esa cebada señora

no está para yo segarla.

Que es para ricos marqueses

o “pa” el dueño de la casa.

Siéguela usted segador

que para usted está sembrada.

Segaron siete gavillas

y a las doce se levantan.

El padre que la escuchaba:

Dime niña ¿con quién hablas?

¿Con quién quiere usted que hable?

Con una de mis criadas

El segador al oír esto

pega un salto de la cama.

No te vayas segador

que se te olvida la paga.

Le ha dado dos mil doblones

en un pañuelo de Holanda.

Que más valía el pañuelo

que el dinero que llevaba.

Al otro día siguiente

las campanas redoblaban.

¿Quién se ha muerto,

quién se ha muerto?

el segador que segaba.

No se ha muerto,

no se ha muerto

que lo ha matado una dama

¿quién ha sido esa señora?

La señora de la Algaba.

El dinero pa l’entierro

y el pañuelo pa la cara.

Y aquí se acaba la historia del segador que segaba.